Hay algo que se volvió tan previsible como el calor de enero: la falta de agua en Alta Gracia. Y, como cada año, hay otra constante igual de irritante: la inacción —y la negación— del presidente de COSAG, Enio Mazzini.
Durante todo el año, desde Radio Vibra insistimos, advertimos y mostramos lo que ocurría en los barrios. Antes del verano, durante el invierno, en cada semana de bajas temperaturas, cuando la demanda cae y el sistema debería resistir sin sobresaltos, ya se veían los síntomas del colapso: cortes prolongados, presión insuficiente y familias que abrían la canilla como quien juega a la ruleta rusa.
Pero mientras los vecinos contaban los días sin agua, desde COSAG llegaban cartas documento. Sí, cartas documento. Para decir que lo que denunciábamos “no era verdad”. Para intentar tapar el sol —y la sequía— con un papel membretado.
La realidad, sin embargo, tiene otro carácter jurídico: es irrefutable.
Un verano más, un servicio menos
Hoy, con apenas los primeros días de calor, ya hay barrios enteros sin servicio. Localidades vecinas llevan cinco días sin agua. Cisternas que no alcanzan, excusas recicladas y un discurso institucional que intenta maquillar lo insostenible.
Y mientras tanto, la cooperativa sigue cobrando lo mismo, sin que ese dinero se transforme en obras, mejoras o planificación.
La pregunta es tan simple como incómoda: ¿qué hace COSAG con los recursos que debería destinar a garantizar un derecho básico?
Porque obras estructurales no hay. Acueductos nuevos, menos. Ampliación del sistema, cero.
Alta Gracia sumó 30 mil habitantes en apenas unos años, pero COSAG gestiona el agua como si aún estuviéramos en la década del ’80.
El problema ya no es técnico. Es de gestión. Es político. Es institucional.
No planifican. No invierten. No rinden cuentas. Y lo peor: no escuchan.
No lo hicieron cuando los vecinos lo decían. No lo hicieron cuando los barrios pasaban días sin agua. No lo hicieron cuando el invierno —ese momento en que cualquier sistema medianamente serio debería funcionar perfecto— se convirtió en una radiografía brutal del colapso veraniego que venía en camino.
La contaminación: el límite que COSAG decidió cruzar
Pero la incapacidad no termina ahí.
Hoy sabemos que el agua del arroyo Chicamtoltina está contaminada, según lo confirmó la intendenta de Anisacate tras 15 meses de monitoreo. Y lo que antes eran denuncias de vecinos, ahora son datos oficiales: el vertido de líquidos cloacales fuera de los parámetros permitidos está afectando a toda la región.
Porque lo que COSAG permite con su falta de acción no es menor: convierte el agua —vida, salud, futuro— en un riesgo ambiental y sanitario que ya afecta a miles de personas fuera de Alta Gracia.
La verdadera pregunta: ¿hasta cuándo?
Hasta cuándo vamos a soportar:
- veranos sin agua,
- barrios que viven de bidones,
- cisternas que llegan tarde,
- cartas documento que buscan censurar la realidad,
- un servicio público que retrocede cada año,
- una conducción que niega lo evidente,
- y una cooperativa que administra un recurso esencial como si fuese opcional.
El agua es un derecho humano. No un privilegio estacional.
No un argumento político.
No un recurso para administrar con improvisación.
La ciudad está cansada.
La región está en riesgo.
Y la confianza en COSAG está agotada.
La verdadera urgencia no es el verano: es la conducción de la cooperativa.
Porque la pregunta que ya nadie puede seguir evitando es esta:
¿Será otro verano sin agua… o será el verano en el que, de una vez por todas, se le exija a Enio Mazzini y a COSAG rendir cuentas por años de abandono, improvisación y desidia?