Una mezcla de travesura de chicos, negligencias e ignorancias al desconocer que para practicar deportes no hay que usar anillos puede llevar a un accidente. Todos somos hijos del azar y estas cosas pueden pasar. Pero lo bueno, es que al menos cuando suceden estos casos debemos aprender y a lo mejor, predicar lo aprendido. Esto fue lo que le pasó a Edgar García.
El accidente ocurrió el último día de clases de educación física, antes de entrar en vacaciones de invierno. Para ser exactos, fue un 3 de julio del 2013. Lo que sucedió fue que tras quedar enganchado en el arco de fútbol a causa de un anillo, terminó con la amputación de su dedo mayor de la mano derecha: “En ese momento ni se me cruzaba por la cabeza, tampoco nadie me dijo nada ni había visto nunca un accidente de este tipo, pero luego con el tiempo me enteré que este tipo de cosas han sucedido”, dijo Edgar en diálogo con Radio Vibra.
En cuanto a la rehabilitación, fue espontáneo y algo que fue sucediendo. El chico (en su momento) se fue adaptando a pensarse y verse de esa manera. Por la parte de lo clínico, solo se sacó los puntos 10 días después de la amputación y luego volvió al año siguiente para revisar el estado de la herida.
“La realidad mía en esa época, era que mi viejo empezaba a apagarse aquejado por un cáncer, entonces tampoco era tan importante lo que me había pasado en el dedo al lado de que mi viejo se iba a ir para siempre. Además está enfermedad por supuesto que sacó a papá del rol de laburante para darnos de comer y dedicarse a luchar 3 años con un monstruo que lo comía vivo. Por ende, yo empecé a trabajar de manera formal y cotidiana en nuestro bar y tenía que trabajar, servir y cocinar, por ello, no había mucho sitio para pensar en el dedo. Igualmente, jamás me dolió, jamás me molestó, jamás sentí eso que llaman en el síndrome del miembro fantasma, y siempre lo moví al muñón plenamente”, expresó García.
Pero la amputación no fue un impedimento para cumplir sus sueños: “Hice el conservatorio de música y con el tiempo empecé a tocar covers en una banda con chicos de San Agustín. Luego en Córdoba capital ya empezamos a tocar con distintos músicos y trabajar con ellos. Empezamos a grabar discos, primero en Córdoba para un músico solista con el cual trabajé en varios proyectos, Maxi Lambert. Luego empecé a venir a Europa, donde armamos un proyecto con mi hermana Walter, el cual se llama BAR DEL POLO en homenaje a papá. Con esta banda de rock en español tocamos acá en Europa, en diferentes lugares por el país de Andorra, y también grabamos un disco en 2019, en Madrid. Tuvimos la suerte y el lujo de grabar allá, producidos por Candy Caramelo, que es y fue productor y músico de Andrés Calamaro y bandas como Fito y Fitipaldis. En mayo, grabamos otro disco bajo la producción de él nuevamente en los estudios Candyland de Madrid y en 20 días quizás salga el primer corte de adelanto”, declaró el músico.
“Mi único impedimento era una discapacidad por una amputación de dedo que resultó ser ínfima y solo me hacía adaptar técnicas y estudiar quizás un rato más, pero nada más que eso, nunca me sentí un inválido. Incluso siempre supe que era un afortunado por poder moverme y manejarme independientemente y con una salud mental estable. Siempre supe que hay gente que la pasa peor. No sé qué tanto derecho tenía yo a quejarme. A veces el camino se jode un poco, pero tenés que seguir, al final también se trata de eso de seguir, de caminar en dirección a eso”, expresó Edgar.
“Yo siempre supe que tenía que trabajar para manterme solo y dónde quisiera, poder ayudar a mi vieja y estudiar. Y en función de lo que estudiara iba a poder a hacer todo eso que soñé, que por supuesto era tocar y grabar discos. Solo hay que adaptarse pero nada más. Al fin y al cabo en mi caso solo se que es una singularidad en mi cuerpo, y todos tenemos singularidades en los cuerpos. Nunca hay que darse por vencido porque sino nada vale la pena. Y que no vale la pena quedarse a llorar, que la vida es muy corta para perder el tiempo”, dijo el músico proveniente de San Agustín.